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Aguas termales en las faldas del Cayambe

© Oscar Arroyo B.

En el Norte de la Cordillera Real del Ecuador se encuentra ubicado el volcán Cayambe, en sus faldas grandes extensiones de páramo andino dan inicio a la vida, el agua. Nuestra aventura en bicicleta sería hacia una vertiente de agua termal en el sector de las Golondrinas, montaña arriba de la Parroquia de Olmedo por la cara norte del volcán.


Amanecía despejado, el sol radiante contrastaba con el azul del cielo, nosotros empezamos nuestra ruta por la zona ganadera de Cayambe, atravesando las comunidades de Paquiestancia, Cariacu y Puliza, por el camino de asfalto, lastre y tierra. Nuestro primer destino era llegar a comunidad de La Chimba, en todo éste recorrido se puede observar verdes y amplios pastizales pues la actividad lechera es el mayor sustento de las familias que en estos poblados habitan.

La Chimba oertenece a la parroquia de Olmedo, habíamos bordeado las faldas del Cayambe, por lo que otra vista de este gran coloso nos deslumbraba con su brillante nieve, cada vez lo veíamos cerca, la antigua escuela de la Chimba llena de historia posaba bajo los rayos del sol rodeada de verdes campos y bosques. Continuábamos por el desvío vía hacia las antenas ubicadas en las nieves del volcán por el camino empedrado y una gran subida nos hacía esforzar para coronarla.

Kilómetros más arriba los pastizales de la zona se mezclaban con los primeros pajonales, el camino empedrado cambiaba por el de tierra y senderos, el frío y viento de la zona atraían las densas nubes, subidas pronunciadas eran el único camino a segruir. Desde lo alto teníamos una majestuosa vista de la coordillera real norte, aunque el volcán Cayambe receloso ya se ocultaba entre la bruma.

Habíamos ascendido hasta el punto más alto del recorrido, los 3776 msnm, ahora teníamos que descender por el borde montañoso llegando así al ojo de agua termal en las Golondrinas que nacía escondido entre un riachuelo y fauna nativa de los andes. Una pequeña piscina acorralaba el agua cálida que brotaba de una pequeña gruta de piedra, nosotros descansábamos al son del trinar de las pequeñas aves andinas.

Habíamos recorrido así 25 km desde la ciudad de Cayambe. Sin duda un lugar especial para encontrarse con la naturaleza, las montañas con el dorado de los pajonales, el sonido del agua al chocar y descender, el canto de las aves y la energía que en aquel lugar puedes encontrar renueva cuerpo y mente.

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